“No le tengo miedo a la muerte. Le tengo miedo al avión”, confesó en su día Pablo Picasso. Muchas personas lo reconocen, quienes menos quienes más, a la hora de reservar su vuelo en avión, pero todas coinciden en un punto: la misma idea de subirse a un avión les hace surgir un temor, a menudo irracional, que los expertos catalogan entre la fobia y la obsesión según los casos. Según algunas prestigiosas investigaciones el 49% de personas adultas sufren el miedo a volar, el 25% en forma leve, el 14% de moderado a grave y el 10% muy grave o aerofóbicos. Estos mismos estudios sugieren que las probabilidades de que un avión caiga son de 1 sobre 1,8 millones, o sea tan reducidas que para que sufra un accidente de avión una persona debería viajar en avión todos los días a lo largo de 29 años !
El miedo a volar en avión es un miedo específico que no afecta a otras facetas de la vida de una persona: los que tengan fobia a volar no necesariamente la tienen a las alturas, al mar o a espacios cerrados. Los síntomas del miedo a volar son una grande ansiedad y sensación de angustia y de ahogo, sudoración profusa, inquietud motriz y malestar físico general, taquicardias por ejemplo, síntomas que se manifiestan no tan sólo al subirse a un avión, sino días antes.
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